La investiganción ha mostrado que la incidencia del estrés cotidiano en niños y niñas puede tener importantes consecuencias emocionales, impactando más negativamente en el desarrollo emocional del niño o adolescente que el estrés debido a sufrir acontecimientos vitales estresantes o estresores crónicos. (Seiffge-Krenke, 2000; Wagner, Compas y Howell, 1988). Este es uno de los resultados del artículo fruto de una investigación, que aquí se resume y comenta, publicada en la Revista del Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos: Papeles del Psicólogo, 2012. Vol. 33 (1), pp. 30-35: Trianes, M et al. Evaluación y Tratamiento del estrés cotidiano en la Infancia.Universidad de Málaga.
Situémonos en el contexto de la investigación. El estrés puede definirse como estímulo, como respuesta y como relación acontecimiento-reacción. En el primer supuesto, hablamos de exposición a circunstancias o acontecimientos externos a la persona (estresores), capaces de alterar el equilibrio fisiológico y psicológico (Holmes y Rahe, 1967). Podemos hablar de tres tipos de estresores: acontecimientos vitales, crónicos y cotidianos. En cuanto a este último tipo, si hablamos de estresores cotidianos en la Infancia lo hacemos de sucesos, problemas, preocupaciones y contrariedades de alta frecuencia, baja intensidasd y alta predictibilidad que pueden alterar el bienestar emocional y físico del individuo (Seiffge-Krenke, 2007). Los estresores de naturaleza cotidiana, en la población infantil, se pueden agrupar en tres ámbitos: salud (i.e: situaciones de enfermedad, procedimientos médicos, preocupaciones por la imagen corporal); escuela (i.e: problemas en la interacción con el profesorado, dificultades en la realización de las tareas académicas, realización de exámentes, presiones académicas, bajas calificaciones escolares, cometer errores ante compañeros y exceso de actividades extraescolares) y familia (i.e: dificultades económicas, falta de supervisión de los padres o soledad en el hogar y continuas peleas entre hermanos) (Trianes, 2002). La contínua exposición a estos estresores cotidianos, puede afectar al bienestar y a la salud del individuo desde la infancia (Triantes, 2002; Trianes y Escobar, 2009).
Resultados de la investigación, relacionan el estrés infantil cotidiano con:
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Inadaptación Emocional. Altos niveles de estrés cotidiano se asocian a sintomatología internalizada, como ansiedad, baja autoestima, bajo autocontrol, depresión, locus de control externo y sentimientos de incapacidad (Escobar, Trianes y Fernández-Baena, 2008; Trianes et al., 2009).
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Adaptación social. Relación entre altos niveles de estrés cotidiano y baja aceptación sociométrica (Excobar, Trianes, Fernández-Baena y Miranda, 2010). Estrés cotidiano como variable relevante en la predicción de psicopatología emocional y social.
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Rendimiento cognitivo. Altos niveles de estrés cotidiano se relaciona con bajo desempeño cognitivo, en concreto, peor capacidad de atención sostenida y mayor tiempo para recuperar la información de la memoria de trabajo o episódica. A mayor estrés cotidiano, menor rendimiento académico (Fernández-Baena, 2007; Trianes et al., 2009).
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Manifestaciones fisiológicas del alto estrés cotidiano(Fernández-Baena, 2007; Maldonado et al., 2008): niveles de cortisol matutino disminuidos se relacionan con problemas socioemocionales y académicos en la infancia.
Tratamiento del estrés cotidiano infantil. La prevención y el tratamiento del estrés cotidiano infantil se centra en la promoción de estrategias eficaces de afrontamiento del estrés, es decir, esfuerzos voluntarios realizados con la finalidad de manejar las situaciones estresantes. En el ámbito de intervención psicoeducativo existen programas específicos dirigidos a enseñar estrategias de afrontamientos y otros centrados en la solución de problemas interpersonales (SPI), también son adecuados para promover estrategias.
Conclusión. El contexto escolar, además del familiar, es un marco ideal para educar a los niños en un estilo saludable de afrontamiento ante los estresores cotidianos, reforzando intentos de solucionar los problemas y ayudando a que los menores aprendan a superarlos por sí mismos o buscando apoyo social y evitando explosiones emocionales que puedan suponer formas improductivas de hacer frente al estrés. Se trata de transmitir y enseñar estrategias de afrontamiento productivas que promuevan el desarrollo y el bienestar personal. En definitiva, educar y desarrollar la Inteligencia Emocional de los niños.
Estres cotidiano en la infancia